Angelica
Érase una vez, una dulce niña que cantaba como los Ángeles, admirada por sus padres, admirada por sus vecinos y admirada por todo el pueblo, era conocida como "Angélica" y cada vez que podía demostraba su arte ante todo el mundo, y su sueño era ser famosa.
La niña, siguió creciendo y con el paso de los años, se convirtió en una joven guapa y atractiva, y su voz seguía siendo igual de hermosa que cuando era niña, pero ahora que su fama había crecido, era conocida por todo el estado, pero para escucharla cantar, había que pagar, pero aun así merecía la pena, y es que en esa época fue donde decido dedicarse por completo a su voz, dejando a un lado el resto de sus obligaciones y atenciones.
Pero un buen día, la joven, se convirtió en una mujer madura, y seguía siendo hermosa, y aunque su voz había cambiado un poco, seguía siendo tan angelical que cuando era niña. Ahora era conocida por todo el país, pero para ella lo más importante era su carrera y, por supuesto, su voz.
En su plenitud, como mujer y artista, cuando era conocida por toda la humanidad, su voz se transformó, se deformó, y al final acabó rompiéndose a causa del esfuerzo, y aunque la belleza no la había abandonado, se obsesiono con su voz, hasta tal punto de gastar toda su fortuna en milagrosas curas, médicos e instituciones, que le prometieron la luna, pero que nada remediaron.
Los años no pasaron en balde, la mujer se convirtió en una anciana, seguía siendo hermosa para sus años, pero con ese pasar de años, fue olvidada por la gran mayoría del público, arruinada a causa de su obsesión y sola por centrarse en su carrera, ahora se veía en una inmensa sala de un asilo de ancianos perdido en algún pueblo, que ni salía en los mapas, esperando su fin y rememorando mentalmente viejas noches de gloria.
La muerte le llegó, y fue enterrada en un rincón del cementerio, aunque a su entierro ningún alma humana fue, porque la memoria humana corta es, y solo vive del momento, relegando de su consciencia, aquello que pasó. Pero si estuvo lleno de Ángeles, Yehuiah que todo lo sabe, y desde pequeña la cuidó, se encargo de comunicárselo a sus hermanos, y donde para los ojos humanos fue soledad y olvido, para los ojos de Dios y de sus hijos, fue un día de jubilo, alborozo y gozo, porque su hermana por fin se les había unido a ellos, después de conocer las dichas y desdichas de la humanidad, de lo terrenal y perecedero.
Historia by Jose Luis Simón el 14 de septiembre del 2011.
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