Mis Dos Niñas
Era una soleada mañana de verano, sin nubes en el cielo, donde se podía escuchar el dulce canto de los verderones, como otras tantas que me habían acompañado en los últimos días desde que me mude a esta casita, solitaria, cerca del lago, a las afueras de la ciudad, rodeada de altos abetos, donde primaba la paz sobre todo, pero a mi me hacia la persona mas feliz del mundo, alejándome de esas fiestas de compromiso, y cenas "lameculos", donde las apariencias eran lo mas importante.
Esa mañana, me levanté, me afeité, me duché, me trajeé y baje a desayunar, bese a mi mujer, Anne, que estaba terminando de hacer los huevos fritos, y por supuesto, bese a mis dos Ángeles, mis dos soles, mis dos pequeñas, mi dos gemelas de 12 años, Pili y Mili, y la razón por la que me traslade aquí, para alejarlas de todo el peligro que hay latente en la ciudad y darles una vida mas "mimosa", y es que en aquél momento, aunque se estaban peleando por si debían llevar los pareos rojos o no, me seguían pareciendo esos bebes que uno desea tener siempre entre sus brazos.
Una vez que termine de desayunar me despedí de todos, me fui a la cochera, arranque mi Mazda Saxo rojo, y me dirigí al trabajo mientras escucha de fondo las noticias de la radio. Cuando llevaba unos 25 minutos en carretera, recibí una llamada de mi mujer, solo pudo balbucear antes de colgar que Pili había desparecido. Di media vuelta, y volví a casa, pero aun no había andado 2 minutos que recibí otra llamada de mi mujer, diciendo que Mili había desaparecido. No lo podía creer. Mi mundo se venia abajo, intentaba llamar a casa pero el teléfono solo comunicaba, el móvil estaba fuera de cobertura y mis nervios solo hacían que pisara, más y más el acelerador.
Cuando por fin llegue a casa, todo estaba vacío, no había nadie, busque por la casa, pero no encontré a nadie y de pronto desde la ventana de mi dormitorio, mire al lago, allí vi. Algo que me llamo la atención flotando, eran unas telas rojas y mientras mi cabeza aun seguía pensando, divise sombras en la orilla del lago. Parecían ellas. Salí corriendo y llegue en un santiamén.
Allí estaban mis dos niñas, tiradas, boca arriba, toda empapadas, en esos instantes las lagrimas brotaban solas, como río en febrero, temiéndome lo peor, me puse a su altura y comprobé que aun respiraban, se movieron, y di gracias al cielo, a Dios, a Buda, a Ala y a todos los santos mientras las besaba y las acercaba a mi pecho con fuerza, cada una rodeada por cada brazo.
Historia by Jose Luis Simón el 11 de septiembre del 2011.
Triste ...
ResponderEliminarCruel tristeza, espero que jamas se haga realidad, no??
ResponderEliminarBesos para ti ;) y gracias por tus comentarios guapetona :)